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all living together
RELACIONES INTERGENERACIONALES
ASPECTOS PSICOLÓGICOS
de Caterina Borghini e Anna Finocchietti - Psicólogas - Psicoterapeutas
DE LA FAMILIA A LAS FAMILIAS

A partir de la posguerra, las sociedades occidentales se caracterizaron por grandes transformaciones sociales y culturales que han repercutido también en los comportamientos demográficos.
En menos de veinte años, en la mayor parte de los países europeos se produjo una revolución silenciosa: el recambio generacional no está garantizado, ha disminuido el número de matrimonios, aumentan las separaciones y los divorcios, las convivencias de hecho son ya una realidad extendida, los nacimientos fuera del matrimonio aumentaron notablemente. El aumento de la expectativa de vida, el mayor número de ancianos a menudo solos y no siempre con recursos económicos adecuados, plantean nuevos retos para hacer frente a esta realidad en evolución.
Los rápidos cambios en el aspecto concreto de los hechos parecen haber sido más veloces que los cambios producidos en el contexto social y cultural y, por consiguiente, hacen difícil encontrar respuestas adecuadas a las necesidades que van surgiendo.
Resulta necesario, pues, definir -o más bien redefinir- el concepto de familia, que debería abarcar la totalidad del sistema emocional de por lo menos tres generaciones, y tener en cuenta las necesidades psicológicas, afectivas y relacionales que cada generación manifiesta en momentos determinados de su ciclo de vida, y para los cuales necesita de apoyo social, económico, emotivo.
En efecto, hay acontecimientos que caracterizan el ciclo vital de la familia y que constituyen "factores críticos", ante los cuales se requiere un reajuste de los modos habituales de funcionamiento del sistema familiar; si falta ese reajuste, se produce sufrimiento.
Los acontecimientos críticos pueden ser previsibles y voluntarios (nacimiento de los hijos, los hijos que se marchan de casa); previsibles aunque inevitables (la muerte); no previsibles y voluntarios (separación); no previsibles e involuntarios (acontecimientos traumáticos, un hecho afortunado o desafortunado improviso).
El acontecimiento crítico provoca un cambio, crisis indica separación. Se pasa de una condición a otra que exige nuevos modos de acción y de reacción. El paso de una condición a otra implica una transición que involucra a las diferentes generaciones (abuelos, padres, hijos).
Por tanto, los problemas que derivan de las transiciones están directamente relacionados con el aspecto trigeneracional, además de los aspectos sociales.
La realidad de multiG. puede hacer más fáciles las transiciones a las que se enfrentan los diferentes modelos familiares.
LA CONVIVENCIA INTERGENERACIONAL COMO SOSTÉN EN LOS PROCESOS DE CAMBIO FAMILIARES

Consideremos algunos momentos de transición o de formas del sistema familiar para comprender mejor las necesidades fundamentales que manifiestan y los recursos que se pueden aplicar para disminuir esa criticidad que puede provocar sufrimiento en la totalidad del sistema familiar.


Nacimiento de los hijos

El nacimiento de un hijo constituye un acontecimiento "crítico" por excelencia. El recién llegado equivale a la entrada en escena de una nueva generación y transforma a la pareja en "tríada". Los miembros de la pareja dejan de ser solamente "cónyuges" y pasan a ser también "padres"; se hace necesario redefinir las relaciones familiares y, por consiguiente, una nueva distribución de roles.
Desde el punto de vista psicológico, es necesario que la pareja ajuste su relación incluyendo los aspectos parentales, es decir, el cuidado, la crianza y la educación del hijo. También se modifica la relación con la generación anterior, con las familias de origen de los nuevos padres. La joven pareja ya no es solo "hija" con respecto a la familia de origen, sino que podríamos decir que sube una generación: el cuidado del pequeño que ha llegado a la familia se convierte en elemento de diálogo intergeneracional.

Esta etapa, tan importante en el ciclo vital, puede resultar muy problemática para los nuevos padres a causa de aspectos relacionados con el contexto social.

Nos referimos a la precariedad laboral y, por tanto, a las dificultades que encuentra la mujer para gozar de la prestación económica por maternidad; a la necesidad de regresar al trabajo lo antes posbile, a las dificultades de encontrar plaza en las guarderías o a su elevado coste.

Especialmente la mujer debe desenvolverse entre el trabajo, el pequeño, los horarios, las tareas domésticas; con frecuencia, esta situación, si no es compartida adecuadamente con el cónyuge, puede provocar distanciamientos dentro de la pareja.

Así pues, los nuevos padres piden cada vez con más frecuencia ayuda y apoyo a sus familias de origen; necesariamente, esto implica una dimensión trigeneracional que, por más que las familias de origen, los abuelos, estén disponibles y no vivan demasiado lejos, a menudo trae aparejados aspectos problemáticos.

No es raro que el niño sea sacado de su ambiente en horarios que no son funcionales a sus necesidades sino a las de la organización familiar (un día con los abuelos maternos, tal vez el otro con los abuelos paternos, a veces con una baby sitter o con una vecina); los ritmos y la organización terminan imponiéndose sobre la calidad del tiempo y de los cuidados emocionales que el pequeño necesita durante el crecimiento. En otros casos, son los abuelos quienes se asumen la incomodidad de los desplazamientos continuos y de los "turnos".

multiG. puede sostener este delicado paso gracias a la convivencia de varias generaciones, protegiendo la intimidad y la autonomía de cada uno y facilitando al mismo tiempo la reorganización familiar en torno al acontecimiento crítico.

Los nuevos padres tendrán a su disposición tiempos más distendidos para dedicarse a su condición de cónyuges y a discutir de su rol de padre y de madre. El apoyo de los padres ancianos pero todavía eficientes, tal como se observa con cada vez más frecuencia, podrá liberar energías y recursos para mejorar la calidad y la cantidad del tiempo que la familia pasa reunida.

En el momento en que los abuelos, ya más ancianos, tienen ellos mismos más necesidad de cuidados por parte de los hijos, indudablemente una forma de convivencia como la que propone multiG. facilita el apoyo recíproco entre generaciones.

La familia anciana

En el período de la vida denominado "tercera edad", los acontecimientos críticos principales son la jubilación, el "nido vacío" cuando los hijos se van de casa, el convertirse en abuelos, el propio cuerpo que cambia, las enfermedades, el hacer frente a la muerte del cónyuge.
En esta etapa de la vida, son todavía muchas las tareas exigidas: es indispensable renovar el compromiso mutuo dentro de la pareja, especialmente después de que los hijos se han marchado de casa y se pasa más tiempo juntos, pues también ha terminado la vida laboral de cada uno; hay que hacer frente a las enfermedades, a la autosuficiencia que disminuye, al probable luto por la pérdida del cónyuge, hay que cultivar y atesorar los recuerdos. En cuanto a la relación con los hijos, hay que dar un paso atrás: ya no son niños dependientes sino que son padres a su vez y piden que se reconozca su papel; es importante abrirse, incluir a nueras y yernos, hacer lugar de manera activa a la generación siguiente tratando de amortiguar los conflictos generacionales con sabiduría y disponibilidad.
En lo social, la familia debería llegar a un intercambio cooperativo con el sistema de cuidados; es decir, la generación intermedia cuida de la primera generación, al tiempo que los abuelos se muestran disponibles a ocuparse de los nietos. No siempre es posible o fácil realizar esto, por múltiples factores; entre ellos, no se debe descuidar el factor logístico, cuando la pareja anciana o la persona vive sola.
La crisis de la tercera edad es siempre transformativa, pero el cambio puede llevar a un crecimiento o a la decadencia física, emotiva y relacional.
Preocupa cada vez más la soledad de los ancianos porque, como afirman algunos investigadores, la misma puede tener un efecto devastador sobre el bienestar psíquico y físico de las personas, con altos costes humanos y sociales. Al parecer, el aumento de la edad media de la población, la "nuclearización" de la familia, las dificultades económicas crecientes hacen particularmente difícil dar una respuesta positiva a esta condición.
Una situación logística de mayor proximidad o de convivencia propiamente dicha, en las formas previstas por multiG., puede representar una respuesta válida.


Convivir con los abuelos

En comparación con el pasado, la generación de los abuelos, con igual edad y si goza de buena salud, parece menos vieja. Por lo general, abuelas y abuelos llevan una vida dinámica, cuidan más de su aspecto, tienen más ocasiones culturales, tratan de mantenerse al día con la tecnología utilizando móviles e internet. Sin duda, todo esto se ve favorecido por la mayor cercanía a la generación de los nietos, que estimula la curiosidad, el interés, el deseo de actualizarse, a la vez que permite cultivar diferentes lazos afectivos. El resultado es una mejor percepción de sí mismos y de la imagen social del anciano.
En la tercera edad es importante el papel del recuerdo, del narrar la propia vida, función integradora que permite aceptar el propio tiempo con sus problemas y también con sus recursos.
El anciano necesita recordar para reinterpretar su historia, sanar las heridas, releer en clave positiva aquello que en su momento se vivió negativamente y entregarse con más serenidad al futuro. Recordar y narrar sus recuerdos a una generación más joven que lo escucha le hace sentir que todavía tiene algo interesante que comunicar, y esto le ayuda a vivir con conciencia su edad.
Cuando el encuentro entre abuelos y nietos no se limita a una visita apresurada o a la comida semanal, sino que puede tener a disposición espacios de tiempo y disponibilidad menos rígidos y más frecuentes durante el día, como cuando se convive o se vive muy cerca, entonces los ritmos y los modos del recíproco escucharse pueden activarse con beneficio para ambas partes. En efecto, si los ancianos "rejuvenecen" estando con los jóvenes, también estos obtienen muchos beneficios. De este modo, la generación de los nietos tiene a disposición más modelos de referencia. En los abuelos, los más pequeños pueden encontrar adultos presentes y disponibles, tal vez más de cuanto lo fueron siendo padres. Para los abuelos, la relación con los nietos representa a menudo una especie de "segunda oportunidad" en un período de la vida en que hay más espacio para la reflexión y la toma de conciencia. Para los adolescentes, cuando la relación con los padres se hace más turbulenta, los abuelos pueden ser un ancla afectiva menos comprometida en la rebelión de los nietos y más comprensiva, descubriendo y dando más valor a su papel educativo dentro de la familia. De este modo se refuerzan los lazos entre las generaciones, lazos hechos de sentimientos profundos, de proximidad y complicidad, que forman el molde de todas las relaciones que se desarrollan durante la vida.


Familia del joven adulto

Un fenómeno característico de estos años es la permanencia cada vez más prolongada de los jóvenes en la familia de origen.
Encontrar un trabajo fijo es difícil, cuando se encuentra trabajo es precario, vivir por cuenta propia cuesta mucho: todo esto hace que los jóvenes sigan viviendo con su familia de origen hasta bien pasados los 30 años.
En general, a esta edad las generaciones pasadas ya habían formado su propia familia y tenían trabajo e hijos; desde un punto de vista psicológico, esto marcaba un paso, una transición significativa, como hemos dicho más arriba, con respecto al ciclo vital y a las necesidades que el mismo manifiesta en cada una de sus fases. Que el joven adulto se marche tarde de la casa puede tener repercusiones negativas en las relaciones familiares.
Soluciones de vivienda como las que propone multiG. podrían ayudar en el manejo de esos problemas; en efecto, para el joven adulto es más fácil salir de la casa de origen y goza de más autonomía. Al mismo tiempo, la presencia del joven en la vivenda podría ser un recurso para los ancianos y también para las familias con niños pequeños. En el primer caso, el joven podría desempeñar tareas que podrían resultar difíciles para las personas de la tercera edad, como el acceso a la red o hacer la compra; en cambio, reduciría el coste de la vivienda.
En el caso de familias jóvenes con niños pequeños, el joven adulto podría contribuir a la gestión práctica y organizativa de los niños.
En ambos casos, se establecería un apoyo recíproco que facilitaría la vida diaria y permitiría el intercambio intergeneracional que, como hemos visto, es de importancia fundamental para el bienestar y el desarrollo afectivo y relacional de cada generación en momentos significativos del ciclo vital.

En conclusión,  podemos afirmar que las formas de convivencia como las que propone multiG. favorecen la relación entre las personas, haciendo posible elegir con quién vivir y con quién compartir la vida cotidiana, poniendo freno a los sentimientos de soledad cada vez más extendidos..


Bibliografía
Oliverio Ferraris A., Arrivano i nonni, Rizzoli, 2005
Scabini E., Psicologia sociale della famiglia, Bollati Boringhieri, 1995
Sapio A., (a cura), Famiglie,reti familiari e cohousing, Franco Angeli,2010

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